Kamal y la luciernaga

KAMAL Y LA LUCIÉRNAGA


En las noches de verano, Kamal y su familia solían cenar en el jardín. Una vez, cuando ya estaban terminando, Kamal se fijó en una luz que se encendía y apagaba entre los árboles que rodeaban el jardín. Se acercó para ver qué pasaba y vio un insecto revoloteando. Sin embargo, era muy diferente de los que se ven por la mañana. Emitía luz mientras volaba.
El insecto dejó de volar por un instante y se acercó a Kamal. “Hola”, dijo. “Pareces muy sorprendido. Me has estado observando durante un largo rato. Soy una luciérnaga, ¿y tú quién eres?”
“Me llamo Kamal. Tienes razón, nunca he visto un insecto que emitiera luz como tú lo haces. De tu cuerpo salen rayos verde-amarillentos. Me acuerdo de una vez que toqué una bombilla y me quemé la mano. ¿No te hace daño la luz que sale de tu cuerpo?”
La luciérnaga dijo: “Estás en lo cierto cuando afirmas que las bombillas están muy calientes cuando dan luz. Es porque utilizan energía eléctrica para producirla, y parte de esta energía se convierte en calor. Esto hace que se calienten mucho. Pero la energía que nosotras usamos para dar luz no proviene de fuera de nuestro cuerpo.”
Kamal comprendió. “Entonces, ¿significa eso que no os calentáis?”, preguntó.
“Cierto”, asintió la luciérnaga. “Nosotras mismas producimos la energía y la utilizamos con sumo cuidado. Es decir, no malgastamos nada, y tampoco genera calor que nos dañaría.”
Kamal reflexionó un momento: “Es un sistema muy elaborado.”
“Sí que lo es”, afirmó su amiga. “Cuando Dios nos creó, planeó todo lo que necesitamos al detalle. Cuando volamos, batimos las alas muy rápidamente. Por supuesto, es un trabajo que requiere mucha energía, pero como nuestra luz no consume mucha, no tenemos problema.”
Kamal tenía algo más que preguntar: “¿Para qué usáis la luz que emitís?”
Su amiga le explicó: “La utilizamos tanto para comunicarnos entre nosotras como para defendernos. Cuando queremos decirnos algo, hacemos centellear nuestra luz. Otras veces, la usamos para asustar a nuestros enemigos y alejarlos.”
Kamal estaba muy impresionado con lo que su amiga le estaba contando: “Entonces, ¡todo lo que necesitáis está en el interior de vuestros cuerpos, y no tenéis necesidad de cansaros!”
“Eso es”, aseguró la luciérnaga. “A pesar de todos sus esfuerzos, los científicos han sido incapaces de desarrollar un sistema parecido al nuestro. Como te dije antes, Dios nos hizo de la manera más perfecta posible y del modo más adecuado para cubrir nuestras necesidades, como a todos los demás seres vivos.”
Kamal sonrió: “Gracias. Lo que me has contado es muy interesante. Ahora entiendo el versículo que leí ayer:
“¿Puede, acaso, compararse a quien crea con quien nada puede crear? ¿Es que no vais a recapacitar?” ( Sura 16:17 La abeja).
¡Cuando pensamos en todos los seres vivos que Dios ha creado y en nosotros mismos, hay muchos ejemplos a tener en cuenta!”
“Sí, Kamal, todo ser vivo es una prueba del superior arte creativo de Dios. Ahora, cuando veas algo, te darás cuenta. Bueno, debo irme, pero no olvides lo que hemos hablado.”
Kamal le dijo adiós a su amiga: “Encantado de conocerte. Espero volver a verte.”
De regreso a casa, reflexionando sobre el increíble diseño de la luciérnaga, Kamal estaba deseoso de contarle a su familia la conversación que tuvo con ella.
“¡Él es Dios, el Creador, el Hacedor que modela todas las formas y apariencias! ¡Suyos [en exclusiva] son los atributos de la perfección! ¡Todo cuanto hay en los cielos y en la tierra proclama Su infinita gloria: pues sólo Él es todopoderoso, realmente sabio!” ( Sura 59:24 La concentración.)

أمي ربة بيت mi madre cuida la casa



UMMI RABBATU BAITI UMMI MA AHLAHA
MI MADRE ARREGLA LA CASA QUE BUENA ES MI MADRE
KAIFA AL BAITU IAKUNU LA ARIFU LAU LAHA
COMO SERIA LA CASA NO LO SE SI NO FUERA POR ELLA
ANSA HATA NAFSI LAKIN LA ANSAHA
HASTA ME OLVIDO DE MI MISMO PERO NO ME OLVIDO DE ELLA
WA KAMA HIA TARAANA WA ALLAHI SANARAAHA
Y COMO ELLA NOS CUIDA ALLAH NOS LA CUIDARA

El profeta Hud


El Profeta Hud

Hace muchos años, existía un pueblo de gente muy instruida y trabajadora. Era la gente de Ad, que construían casas hermosas y grandes. En la cima de cada montaña habían construido una torre y estaban muy orgullosos de sus hermosos edificios.

Entre la gente de Ad vivía un hombre llamado Hud, y Hud había sido escogido por Dios para que fuera Su profeta.


Dios me ha enviado a vosotros, dijo Hud a su gente. Dios os ha enseñado todo lo que sois capaces de hacer. El os ha dado muchos hijos y muchos animales. Debéis, por tanto dejar de adorar a vuestros falsos dioses. Adorad sólo a Dios y obedeced Sus órdenes. Haced el bien y no cometáis injusticias ni maldades. Escuchad lo que os digo porque, si no lo hacéis, temo que caiga sobre vosotros un castigo.


Pero la gente de Ad despreciaron a Hud: -No creas que te vamos a hacer caso-, se burlaban. –No vamos a abandonar nuestros dioses sólo porque tú lo digas. Después de todo ¿quién eres tú? No eres más que un mentiroso. Si no eres un mentiroso, pruébalo: dile a Dios que nos mande el castigo-.


Hud se puso muy triste y enojado al oír esto. -No soy un mentiroso-, les dijo, -Soy un Profeta de Dios. ¿Creéis acaso que las casas que habéis construido durarán para siempre?. Recordad que es Dios Quien os ha dado vuestras riquezas El es mi Señor y vuestro Señor, y en El sólo confío. Ya os he avisado con antelación: Si no obedecéis a Dios, El elegirá otro pueblo para que tome vuestro lugar. Dios sabe y oye todas las cosas. Pero a pesar de las advertencias de Hud, la gente de Ad siguieron adorando a sus falsos ídolos. Hud estaba muy enojado. Reunió a sus compañeros fieles y marchó con ellos, dejando a la gente de Ad. De esta forma como pronto veréis, Dios protegió y guardó del mal a los que creyeron en El.


Poco tiempo después, una gigantesca nube negra apareció en el cielo sobre la gente de Ad. Cuando los incrédulos de Ad la vieron, dijeron: Esta nube nos traerá una lluvia refrescante.


Pero estaban en un gran error. La nube trajo un viento terrible que los mató a todos. El viento arrastró todo a su paso Nada quedó en pie salvo unas pocas piedras grandes, que eran los restos de las casas y de las torres. No vale de nada por lo tanto, construir y hacer muchas cosas. Si uno no obedece a Dios, el castigo va a llegar y todo lo que uno ha construido se convertirá en ruinas.

Antar y el canguro

ANTAR Y EL CANGURO.
Cuando Antar leyó en un libro que los canguros crían a sus bebés en unas bolsas especiales que tienen en la barriga, se preguntó sorprendido: “¿De verdad existe algún animal que tenga bolsas?”. De repente, el canguro del libro empezó a saltar por la página y le contestó: “Tienes motivos para sorprenderte, Antar, pero sí, los canguros tenemos realmente una bolsa en nuestra barriga y es allí donde alimentamos, protegemos y criamos a nuestras crías.”
Antar se fijó con más detenimiento y vio una foto de un adorable bebé canguro asomando su cabecita desde la bolsa de su madre.
“Me pregunto cómo se mete dentro”, dijo a la madre, que le respondió:
“La cría de canguro sólo tiene un centímetro cuando nace. Esa minúscula criatura, que aún no está desarrollada, alcanza la bolsa tras un viaje que dura tres minutos.”
“Eso es muy interesante”, dijo Antar pensativo. “¿Cómo se le da de comer ahí dentro?”

La madre explicó con paciencia: “Tengo cuatro pezones en el interior de la bolsa. En uno de ellos hay leche caliente lista para alimentar a la cría. En los otros tres también hay leche, pero no para el recién nacido sino para los que son un poco más mayores. Al cabo de unas semanas, la cría dejará el pezón del que se alimenta y lo hará de otro que contiene una leche más conveniente para su edad. Cuando se haga un poco más mayor, pasará al siguiente.”
“¡Increíble!”, exclamó un entusiasmado Antar. “¿Cómo sabe un bebé canguro de sólo un centímetro qué pezón elegir? ¿Y cómo vosotras, las mamás canguro, dais diferentes tipos de leche?”
La mamá canguro siguió con su explicación: “La leche de la que se alimenta un recién nacido es más caliente que las otras. El alimento que contiene también es distinto. ¿Cómo piensas que calentamos la leche? No olvides, Antar, que no somos nosotras quienes hacemos todo esto. Ni siquiera sabemos que producimos diferentes tipos de leche. No nos es posible calcular su temperatura, ni tampoco somos conscientes de que cada tipo de leche tiene propiedades y nutrientes distintos. Vivimos del modo que Dios nos inspira. Dios, que nos creó, pensó en las necesidades de nuestras crías. Nuestro Señor, con su infinita compasión y misericordia, hizo que brotara la leche más adecuada para ellas y la colocó en el lugar más apropiado, es decir, en las bolsas de sus madres.”
Di: “¡Si todo el mar fuera tinta para las palabras de mi Sustentador, ciertamente se agotaría el mar antes de que las palabras de mi Sustentador se agotaran! Y [así sería] aunque añadiéramos un mar tras otro.” ( Sura 18:109 La cueva)

El profeta Nuh (Noe)


El Profeta Nuh (Noé)

Noé era un profeta que vivió muchos años después de Adam. La gente con la que vivía Noé se negaba a escucharle. Cuando les dijo que debían adorar sólo a Dios y hacer el bien, no le prestaron atención. Noé les dijo que serían castigados duramente por ignorarle a él y al mensaje que traía de parte de Dios. Aún con eso, la gente no creyó lo que Noé les decía. Se reían de él y decían:-“¡Eres sólo un hombre como nosotros. Solo los pobres y los débiles creen en ti. Si dices la verdad, enséñanos el castigo con el que nos amenazas. No eres más que un mentiroso!”-

-“¡Yo no quiero nada de vosotros”-, les contestó Noé, -“ y nunca rechazaré al pobre ni al débil. En cuanto al castigo, Dios lo hará caer sobre vosotros cuando El quiera. No os imagináis que podéis detener los planes de Dios!”-

Noé se sentía a la vez triste y enojado de que la gente no escuchara su mensaje. Pero Dios le informó de que no debía sentirse así. Había un trabajo mucho más importante que hacer. Noé debeía construir un gran barco.

Siguiendo las instrucciones de Dios, Noé empezó a construir el barco en tierra. La gente que pasaba, lo veían y se burlaban de el y de su barco. Pero Noé tenía una advertencia que hacerles. –“¡Ahora hacéis burla de nosotros”-, les dijo, -“pero pronto sabremos quién va a sufrir el castigo severo!”-

Cuando el barco estuvo terminado, comenzó a llover sin parar y las aguas de la tierra empezaron a crecer. Dios le ordenó a Noé que entrara en el barco junto con su familia y todos aquellos amigos suyos creyentes. Noé debía llevarse también un macho y una hembra de cada especie de animal que había en la tierra.

Noé hizo lo que se le ordenaba, y luego dijo: -“En el nombre de Dios, ahora navegaremos y cuando llegue el momento apropiado, volveremos a la tierra”-.

Las aguas siguieron creciendo cada vez más, hasta que inundaron todos los valles. Noé vio a uno de sus hijos que aún no había subido al barco lleno de preocupación le gritó: -“Oh hijo mío, sube a bordo con nosotros para que no seas de los incrédulos”-. Pero su hijo se negó y le contestó a Noé: -“Me subiré a la gran montaña y el agua no me alcanzará”-.

Noé se puso aún más preocupado: -“¡Sólo aquellos que escuchan a Dios pueden encontrar protección!”-, exclamó dirigiéndose a su hijo. Pero justo en aquel momento llegó una ola gigantesca y mucha gente se ahogó. Y entre ellos estaba el hijo de Noé.

La lluvia continuó durante mucho, mucho tiempo. El agua creció tanto que llegó a cubrir todas las montañas. Pero al fin dejó de llover y las inundaciones descendieron. Entonces, el barco de Noé se posó tranquilamente junto a una montaña y fue saliendo toda la gente y los animales que habían estado en el barco. Noé, su familia y sus amigos dieron gracias a Dios de todo corazón, porque El les había salvado.

Farhan y el caballo


FARHAN Y EL CABALLO.
La hermana de Farhan quería aprender a montar a caballo. Toda la familia fue a la escuela de equitación el fin de semana. Mientras su hermana, su madre y su padre hablaban con el profesor de equitación, Farhan se acercó a ver a un caballo que estaba comiendo hierba.
“Hola”, le dijo Farhan. “La hierba que estás comiendo parece sucia y llena de polvo. ¿No te hace daño en los dientes?”
El caballo miró hacia arriba y relinchó feliz. “No, amiguito. Nuestros dientes nos ayudan a romperla. Dios ha hecho que tengamos unos dientes muy largos, con profundas raíces que están bien enraizados en nuestras mandíbulas. Nuestras raíces son mucho más profundas que las vuestras. Cuando se nos desgastan los dientes, el extremo de la raíz de los mismos queda casi al borde de la superficie. Cada diente puede disminuir de 2, 5 a 5 cm. sin que afecte a nuestra capacidad de masticar.”
Farhan reflexionó un momento: “Entonces, gracias a esa peculiaridad de la que Dios os dotó, estáis a salvo de perder los dientes en poco tiempo y pasar hambre.”
“Absolutamente cierto”, asintió el caballo. “Dios creó a todos los seres vivos de acuerdo con el medio en el que viven. Ésta es una de las pruebas de Su suprema creación. Todos las criaturas de la Tierra Le necesitan.”
Farhan se acordó de las películas de caballos que había visto: “Si me subo a tu grupa me puedes pasear durante kilómetros, ¿verdad?”
“Sí. Ningún otro animal ha ayudado tanto a los seres humanos como nosotros. Desde luego, hoy en día hay carreteras y vehículos que circulan por ellas. Sin embargo, lo cierto es que sólo aparecieron desde el siglo XIX. Cuando nació tu tatarabuelo, la gente no sabía que existiría algo parecido a un coche. En aquellos días los animales, especialmente los caballos, se encargaban de transportar a la gente.”
Farhan observó mejor a su nuevo amigo: “Con esas patas tan largas no me extraña que puedas recorrer largas distancias. ¿También puedes correr rápido?”
El caballo alzó con delicadeza una de sus patas delanteras: “Dios creó mis patas no sólo para que pudiera transportar pesos, sino para que también pudiera correr velozmente. No tenemos clavícula como otros animales, lo que significa que podemos dar pasos muy largos.”
Farhan pensó en ello: “Entonces, Dios os creó para que pudieseis llevar pesadas cargas con facilidad y para que corrieseis rápido.”
“Sí, Farhan”, asintió su nuevo amigo. “Dios nos dotó de estas habilidades para que pudiésemos ser útiles a la gente.”
Farhan le sonrió: “Estoy seguro de que cuando le cuente a mi hermana lo que he aprendido sobre ti le interesará más saberlo que aprender a montar.”
“Adiós, amiguito”, dijo el caballo mientras masticaba un puñado de delicioso heno.
“Y Él es quien ha creado todas las parejas. Y Él [es quien] os ha dado esos barcos y animales en los que montáis.” ( Sura 43:12 Oro.)

La sira

La sira
La vida del profeta Muhammad






















Fin

Tariq y el perro

TARIQ Y EL PERRO.
Tariq había ido a jugar a casa de un compañero de clase llamado Kashif. Cuando la madre de éste le llamó para que bajara a por una cosa, Tariq se quedó solo en la habitación. En ese preciso instante, el perro de Kashif entró en ella. Era un perro adorable y parecía que le estuviese preguntando: “¿Quieres jugar conmigo?”
“Eh, venga, vamos a jugar”, dijo Tariq poniéndose en pie de un salto.
“Muy bien, con mucho gusto”, dijo el perro moviendo la cola frenéticamente.
Tariq se quedó helado. ¡El perro estaba hablando! No podía perder esta oportunidad. Empezó a preguntarle cosas que siempre había querido saber sobre los perros.
“Siempre he querido saber”, comenzó diciendo, “cómo podéis masticar los huesos tan duros que os damos para comer.”
El perro sonrió, descubriendo una hilera de blancos y afilados dientes. “Dios, que ha dotado a todos los seres vivos de características únicas, nos ha dado a los perros habilidades físicas diferentes a las de otros animales. Por ejemplo, tenemos más dientes que vosotros, 42 en total, para que podamos masticar la comida con facilidad, especialmente los huesos.”
Tariq inquirió: “Os gusta correr, saltar y jugar tanto como a mí, ¿verdad? ¿Cómo es que no sudáis?”
El perro de Kashif asintió con la cabeza: “No sudamos como hacen los humanos para controlar el calor corporal porque nuestra piel no tiene poros. En vez de ellos, tenemos un sistema respiratorio que controla nuestra temperatura. Nuestro pelo evita que el calor exterior llegue a nuestra piel. Desde luego, cuando sube la temperatura, nuestro calor corporal también se eleva y, para disminuirlo, jadeamos con la lengua fuera, así que no sudamos ni siquiera en los días más caluroso y a pesar de nuestro grueso pelo.”
“Dios nos ha provisto de un sistema tan maravilloso que, mientras los humanos se ponen a sudar a la media hora de hacer ejercicio, nosotros podemos correr sin parar durante horas sin sudar en absoluto. De ahora en adelante entenderás que no tienes que preocuparte cuando veas a un perro jadeando con la lengua fuera en un día caluroso. Por supuesto que nosotros no inventamos este sistema. Ésta es una de las pruebas del supremo poder creativo de Dios, que todo lo hizo de una forma completamente original, sin copiar nada.”
“Creo que vuestro sentido del olfato también está muy desarrollado”, dijo Tariq conforme acariciaba la nariz del perro.
“Tienes razón”, asintió el perro. “Tenemos un sentido del olfato muy desarrollado. El centro olfativo situado en nuestro cerebro está cuarenta veces más desarrollado que el de los humanos.”
“¡Por eso cuando los perros policías huelen algo una sola vez pueden encontrar a su propietario!, exclamó Tariq.
“De nuevo estás en lo cierto. Puedes concluir que los perros que ves todos los días son una prueba de la creación de Dios, tal y como lo son otros seres vivos. Recuérdalo y no olvides dar gracias a Dios.”
“Muchas gracias”, dijo Tariq. “No lo olvidaré. Además, contaré a todos mis amigos lo que me has dicho sobre los dones con que Dios te ha bendecido, y también les diré que Le den gracias.”
Justo entonces Kashif regresó a la habitación y todos se pusieron a retozar y jugar juntos.
NUESTROS QUERIDOS AMIGOS.
“Es Él quien ha creado para vosotros todo cuanto hay en la tierra…” ( Sura 2:29 La vaca).

LOS PERROS, EXPERTOS RASTREADORES.
Los perros cuentan con una sensibilidad extraordinaria para los olores. Cuando vagan por las calles, encuentran el olor que dejan otros perros y el de la gente, y de ellos aprenden cosas. Pueden detectar sin ninguna dificultad el más ligero rastro en el aire. Los sabuesos, una raza que tiene un sentido del olfato particularmente agudo, pueden localizar a la gente desde lugares en los que no han dejado huella visible alguna siguiendo un rastro de hace cuatro días y hallando el olor de una persona a más de 80 kilómetros de distancia.

Amir y el camaleón


AMIR Y EL CAMALEÓN


Un día, durante un viaje con el colegio, Amir dejó a sus amigos y fue a dar un paseo entre los árboles. Mientras descansaba apoyado en un árbol oyó la voz de un tronco que estaba en el suelo.
“Hola, Amir”, dijo la voz. “¿Estás cansado?”
Amir no podía dar crédito a sus oídos. Cuando se fijó detenidamente en el tronco, se dio cuenta de que sobre él había una criatura de un color tan idéntico al mismo que le resultaba difícil distinguirla.
“¿Quién eres?”, le preguntó. “Me ha costado mucho trabajo encontrarte. ¡Tu color y el del tronco en el que estás sentado son exactamente iguales!”
“Soy un camaleón”, dijo la criatura, que se parecía a un lagarto. “Para protegerme del peligro, cambio de color según el entorno en que me muevo.”
“¿Cómo haces algo tan sorprendente?”, preguntó Amir intrigado.

“Déjame que te lo explique”, dijo su nuevo amigo. “Dispongo de una sustancia colorante llamada “cromatóforo” en mi piel. Esto me permite cambiar de color para camuflarme con el medio que me rodea. Este cambio de color ocurre gracias a la distribución y agrupamiento de varias sustancias y pigmentos de mi sistema nervioso. Así, aunque me mueva muy despacio, puedo vivir sin que se fijen en mí y estoy a salvo dondequiera que vaya. Puedo cambiar de color en quince minutos. Pero, si estoy enfadado, me salen lunares de color naranja oscuro y marcas de color rojo oscuro para avisar a otros animales.”
“¡Es realmente increíble!”, exclamó Amir. “Me pregunto si cuentas con alguna otra característica especial.”
Su amigo sonrió feliz: “Mis ojos se mueven independientemente el uno del otro. Puedo mirar hacia atrás y hacia abajo. Desde luego, no contaría con ninguna de estas peculiaridades si Dios no hubiese querido que las tuviera. Él me creó y me dio todo lo que necesito para sobrevivir.”
Amir lo observó un poco más de cerca. “Resulta difícil distinguir tus ojos.”
“Para que no atraigan la atención de mis enemigos, Dios los cubrió de escamas con el fin de que fuesen igual al resto de mi cabeza. Como puedes comprobar, cuando Dios me creó, me diseñó de manera que pudiera hacer frente a cualquier cosa que me sucediese.”
“De ahora en adelante”, dijo Amir, “me fijaré con más atención en las cosas que me rodean. No me olvidaré de rezar a nuestro gran y poderoso Señor cuando vea en la naturaleza las claras pruebas de Su existencia. Gracias.”
“Adiós, Amir”, dijo el camaleón mientras se camuflaba de nuevo con el paisaje.
“Ese es Dios, vuestro Sustentador: no hay deidad sino Él, el Creador de todo: adoradle, pues, sólo a Él –porque es Él quien tiene todo bajo su cuidado. Ninguna visión humana puede abarcarle, mientras que Él abarca toda visión humana: pues Él es inescrutable, consciente de todo.” (Sura 6:102-3 El ganado).
“¡Oh gentes! Vosotros sois los que necesitáis a Dios, mientras que sólo Dios es autosuficiente, Aquel que es digno de toda alabanza.” ( Sura 35:15 El originador).

El profeta Adam


El Profeta Adam (Adán)

Adam fue el primer hombre creado por Dios. Fue creado para que viviera en la Tierra. Sin embargo, a Satanás no le gustó esto. Aunque Satanás estaba hecho de fuego, vivía con los ángeles. El pensaba que era mejor que Adam, y se volvió enemigo de éste empeñado en hacer que Adam desobedeciera a Dios.

Adam y su mujer vivian en el Paraíso en donde Dios les había puesto. El Paraíso era el lugar más hermoso que puedas imaginar. No hacia ni frío ni calor. Adam y su mujer nunca pasaban hambre ni sed. Esta era otra de las cosas que a Satanás no le gustaba. Así pues, Satanás se acercó a Adam y a su mujer y les dijo que comieran de cierto árbol. Ahora bien, Adam y su mujer sabían muy bien que ni siquiera debían acercarse a aquel árbol, y entonces no escucharon a Satanás. Pero Satanás siguió tratando de convencerles. Les tentaba diciéndoles que vivirían para siempre si comían de aquel árbol y se convertirían en ángeles.

Al final, cansados por la insistencia de Satanás, Adam y su mujer cedieron. Llegaron a creer lo que Satanás les contaba y comieron del árbol, en contra del mandato de Dios. Pero pronto sintieron mucho su desobediencia y su debilidad al escuchara Satanás. Adam y su mujer se pusieron muy tristes y pidieron a Dios que les diera Su perdón. Dios les perdonó, porque El es el Clemente. Dios entonces les dijo a Adam y a su mujer que tenían que bajar a la Tierra y vivir allí algún tiempo. Pero les prometió que podrían volver al Paraíso siempre que ellos y sus hijos le obedecieran en el futuro.

Dios le dijo también a Adam que él sería su primer profeta. Le serán enviados a la Humanidad muchos profetas y si el hombre escucha la palabra de los profetas, entrará en el Paraíso cuando muera. Pero si no escucha, irá al infierno y quedará allí con el malvado Satanás.

Entonces, Adam y su mujer descendieron a la Tierra. En la Tierra, criaron a sus hijos, y a su vez éstos a los suyos. De esta manera, se sucedieron las generaciones de la Humanidad sobre la Tierra y Dios mandó a Sus enviados a todas ellas. Estos profetas dijeron: Adorad solo a Dios. Dios os creado. Dios ha creado para vosotros las plantas y los animales para que comáis de ellos. Sed agradecidos a Dios, hacer siempre el bien.

Esto fue lo que Adam, el primer profeta de Dios les dijo a sus hijos.

Después de el vinieron muchos profetas y Muhammad es el último de los profetas.



AL-IJLAS

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

Di: Dios es Único, Dios es Eterno y todo depende de El. No engendró, ni ha sido engendrado. Y nada se asemeja a El.

Kashif y el oso come miel

KASHIF Y EL OSO COME-MIEL.
Como cada mañana antes de ir a la escuela, Kashif se sentó a la mesa para desayunar. Mientras su madre hacía el té, se fijó en un oso que estaba dibujado en el tarro de miel. Mientras su madre estaba ocupada, el oso del dibujo le guiñó un ojo y le habló.
“¡Hola, Kashif!” Me parece que te gusta tanto la miel como a nosotros los osos.”
“Sí”, asintió Kashif. “Mi madre nunca se olvida de poner miel en el desayuno. Pero la nuestra viene del supermercado. ¿De dónde sacas la tuya?”
El oso arrugó la nariz antes de responder: “Nuestro Señor, que atiende las necesidades de todos los seres vivos de la mejor manera posible, nos dio a los osos grandes narices que son muy sensibles a los olores y que nos permiten encontrar comida fácilmente.”
Kashif, a quien una vez le había picado una abeja, estaba intrigado: “Cuando encuentras una colmena con miel, ¿cómo la sacas?”, le preguntó.
Esta vez, el oso alzó una garra para que Kashif la viera: “Cuando encontramos una colmena le damos un par de golpes fuertes con nuestras garras para ahuyentar a todas las abejas y luego nos comemos la miel que hay dentro. Pero, hagas lo que hagas, no intentes imitarnos o las abejas te picarán por todo el cuerpo y te pondrás muy, muy enfermo. Gracias a Dios, los osos estamos protegidos contra sus picaduras por nuestra gruesa piel.”
Kashif se lo prometió. “Hay algo más que me he estado preguntando: ¿No pasáis hambre cuando hibernáis?”
El oso asintió con su peluda cabeza: “Antes de hibernar, comemos mucho. Para incrementar la gruesa capa de grasa que tenemos bajo nuestra piel, ingerimos muchas piñas y castañas. De este modo, almacenamos grasas en nuestros cuerpos, porque perdemos la mayor parte de nuestro peso cuando termina este periodo y salimos de nuestras cuevas al llegar la primavera. Sin embargo, a pesar de ello, sobrevivimos. Por supuesto que no ha sido idea nuestra almacenar grasa antes de hibernar; Dios Todopoderoso nos inspira.”
“Ahora lo veo claro”, dijo Kashif, “todos los seres vivos que existen en la faz de la Tierra son prueba de la suprema creación de Dios. Gracias por recordármelo, amigo.” El oso asintió.
Entonces Kashif se sobresaltó al oír la voz de su madre que le decía que el desayuno estaba listo. Mientras disfrutaba de su miel, pensó en el oso y le dio gracias a Dios, el Infinitamente Compasivo, que ha creado a los osos a la perfección.
“¡Los siete cielos ensalzan Su gloria infinita, y la tierra, y todo cuanto hay en ellos; pues no existe nada que no ensalce Su gloria y alabanza infinitas: pero vosotros [Oh hombres] no entendéis la forma en que Le glorifican! ¡Ciertamente, Él es benigno, indulgente!”(Sura 17:44 El viaje nocturno.)

Ali y el avestruz

ALÍ Y EL AVESTRUZ.
Alí estaba comiendo y viendo la tele al mismo tiempo. En los dibujos animados se veía a un enorme avestruz huyendo de un perro. El avestruz corría tan rápido que se escapó y regresó al nido con sus amigos. Alí siempre había creído que los avestruces sólo eran unas aves que escondían la cabeza bajo tierra. No sabía que también eran buenas corredoras.
“¿Quieres decir que no sabías que podíamos correr tan rápido?”, preguntó una voz.
Alí miró sorprendido a su alrededor antes de darse cuenta de que la voz provenía de la televisión. Fue hacia ella y se puso a hablar con el avestruz que aparecía en la pantalla.
“Eres un ave”, comenzó. “Desde luego que me sorprende que puedas correr tan rápido, y además con un cuerpo tan enorme.”
“Tienes razón”, resopló el avestruz, que se encontraba casi sin aliento. “Somos las aves más grandes del mundo. Somos más grandes que una persona. Yo, por ejemplo, mido unos dos metros y medio y peso 120 kilos. No podemos volar, pero Dios nos ha dotado de un talento diferente para poder escapar de nuestros enemigos. Corremos muy rápido gracias a nuestras largas patas, tan rápido que nadie nos puede alcanzar a pie. En el mundo de los seres vivos, somos los corredores más rápidos sobre dos patas. Podemos llegar a alcanzar una velocidad de 70 Km. /h si nos empleamos a fondo.”
Alí se fijó más detenidamente en su nueva amiga: “A menos que me equivoque, tus patas sólo tienen dos dedos. ¿Estoy en lo cierto?”
El avestruz levantó una pata para que Alí la viese mejor: “Sí, sólo tenemos dos dedos en cada pata, y uno de ellos es mucho más grande que el otro. Sólo nos apoyamos en este último cuando corremos. Como puedes comprobar, Dios nos creó como a todos los seres vivos, de la nada y de forma única. Nos dotó de una serie de peculiaridades para ayudarnos a sobrevivir, peculiaridades que son muy diferentes de las de otras aves, como debes saber.”
“Es cierto”, dijo Alí pensativo. “Me pregunto cómo traéis a vuestras crías al mundo.”
“Bien, Alí”, respondió el avestruz. “Así como nosotros somos muy grandes, nuestros huevos también lo son. Cavamos un gran agujero en la arena y allí enterramos nuestros huevos gigantes. Ponemos de 10 a 12 huevos de una vez y tenemos que hacer un agujero lo suficientemente grande para todos ellos. En otras palabras, en realidad cavamos un agujero enorme.”
Alí meditó un par de segundos: “¿Por qué hacéis los agujeros en la arena?”, le preguntó a su nueva amiga.
El avestruz sonrió y se arregló las plumas con el pico: “Si los hiciésemos en la tierra en vez de en la arena, nos llevaría muchísimo tiempo. Esto haría que nos cansásemos bastante. Mover arena es más fácil que mover tierra. Tú puedes incluso cavar en la arena con los dedos, pero necesitas una pala para hacerlo en la tierra. Por eso preferimos la primera; así podeos hacer nuestro trabajo más deprisa y sin cansarnos demasiado.”
“Después de poner los huevos, también resulta mucho más fácil cubrirlos con arena. Sabes, en el mundo existe millones de especies diferentes de seres vivos. Todas las criaturas cuentan con sus propias y maravillosas peculiaridades. Dios nos creó a todos. Es Dios quien nos enseña todo lo que hacemos.”
Alí se levantó, puesto que el programa estaba terminando: “Conocerte ha hecho que mi amor y cercanía a Dios aumente aún más. Gracias por lo que me has contado. Adiós.”

farooq y el pato


FAROOQ Y EL PATO.
Un día, el tío de Farooq lo llevó a un sitio que había estado esperando visitar durante mucho tiempo. Se trataba del zoológico, donde podía ver en vivo a los animales sobre los que siempre había leído en los libros y revistas y que había visto en televisión. El viaje fue largo, pero divertido. Por el camino, su tío le mostró los signos de Dios en la naturaleza y le puso ejemplos del Corán. Por fin llegaron al zoo. Farooq lo miraba todo asombrado. Nunca antes había visto tantos animales diferentes juntos en el mismo lugar. Cuando llegaron a la sección de las aves, Farooq dejó a su tío y se fue a la zona de los patos. “¡Qué ave tan bonita!”, exclamó al ver uno de ellos. “Gracias”, le respondió una voz. Farooq miró a su alrededor, pero allí no había nadie más. Entonces se dio cuenta de que era el pato que estaba mirando el que había hablado.
“Hola”, dijo el pato. “Gracias por tu amable comentario. Además de una bella apariencia también cuento con otras peculiaridades interesantes, ¿lo sabías?”
Farooq respondió con entusiasmo: “No, pero me gustaría que me las contaras, por favor.”
El pájaro se acomodó en una confortable rama y empezó su relato: “¿Sabías que podemos volar muy rápido? Cuando volamos, los patos podemos viajar a más de 50 Km. /h. Lo que es más, cambiamos de dirección continuamente para evitar que nos atrapen los predadores. Y, cuando necesitamos bucear bajo el agua, lo hacemos tan deprisa que somos un blanco difícil para los cazadores.”
A Farooq se le pusieron los ojos como platos: “Para un ave, eso es volar muy rápido. ¿Quieres decir que tus enemigos te obligan a volar tan deprisa?”
“Sí, Farooq”, contestó el pato. “Déjame ponerte un ejemplo. Nuestros amigos los patos de la nieve son normalmente el blanco de un interesante método de caza que tienen las gaviotas. Éstas los atacan sin cesar desde el aire y les hacen que se lancen al agua a bucear. Siguen acosándolos hasta que tienen que salir a la superficie, sin aliento e indefensos. Entonces los atrapan abalanzándose sobre ellos y picoteando sus cabezas. Sin embargo, las gaviotas no siempre ganan la batalla. Los patos de la nieve cuentan con sus propios métodos de defensa. Si divisan una gaviota en el cielo, inmediatamente se reúnen en grandes grupos. Esto hace que una gaviota no pueda perseguir a un solo individuo de entre tal cantidad de patos que bucean y, al final, se canse y abandone la cacería.”
“¡Qué inteligentes que son esos patos!”, se maravilló Farooq. “¿Cómo son capaces de hacer algo así?”
“La respuesta es obvia, Farooq”, respondió el pato. “Es Dios, quien creó a los patos y a todos los demás seres vivos, el que les enseña cómo protegerse.”
“Muchas gracias, querido pato”, dijo Farooq. “Hoy me has proporcionado mucha información y me has recordado los signos de Nuestro Señor. Hasta luego”, dijo mientras volvía para reunirse con su tío.
“¿Puede, acaso, compararse a quien crea con quien nada puede crear? ¿Es que no vais a recapacitar?” ( Sura 16:17 La abeja).

Zaki y la araña



ZAKI Y LA ARAÑA


Zaki estaba tumbado en el jardín leyendo un libro. Desvió la mirada un momento y, al echar un vistazo a su alrededor, se fijó en una tela de araña que había en la rama de un árbol. Se levantó, fue hacia ella y la examinó con interés. La araña, que estaba cerca, le habló.
“¡Hola, amigo!”, dijo una vocecita.
“Hola”, respondió Zaki, que siempre era muy educado. “La tela que has fabricado es muy interesante. ¿Cómo la haces?”
La araña respiró hondo y comenzó su explicación: “Empiezo por encontrar el lugar idóneo para hacerla. Debe situarse en una esquina o entre dos objetos cercanos. Déjame que te explique cómo tejo una tela entre dos ramas de árbol. Primero, sujeto el hilo firmemente al extremo de una de las ramas. Luego, voy hacia el extremo de la otra mientras sigo extendiendo el hilo. Cuando alcanzo la distancia adecuada, dejo de producir ese hilo. Entonces, empiezo a tirar de él hacia mí hasta que se tensa y lo ato al lugar en el que me encuentro. Después, comienzo a tejer la telaraña dentro del arco que acabo de hacer.”
Zaki meditó un instante: “Nunca he sido capaz de atar una cuerda firmemente entre dos muros. ¿No es difícil tensar el hilo?”
La araña le sonrió “Déjame que te explique cómo resuelvo el problema. A veces fabrico una telaraña entre dos ramas que están muy distantes entre sí. Como estas telarañas son muy grandes, resultan estupendas para atrapar moscas pero, por esta misma razón, con el tiempo, pierden su tirantez, lo cual reduce el porcentaje de éxito a la hora de cazar. Lo que hago entonces para evitar este problema es dirigirme al centro de la telaraña y atar un hilo que llegue hasta el suelo. Anudo una piedrecilla al hilo y luego vuelvo a la tela e intento tirar del hilo hacia arriba. Mientras la piedra se encuentra en el aire, vuelvo a sujetar el hilo firmemente al centro de la tela. Como consecuencia, puesto que la piedra está bajo el centro, tira de ella hacia abajo y la tela se tensa de nuevo. ¡Eso es todo!”
“¡Qué gran método!”, dijo Zaki, que estaba realmente impresionado. “¿Dónde aprendiste esta técnica y cómo la usas tan bien? Las arañas deben haber estado haciendo esto durante miles de años…”
“Estás en lo cierto, amigo” asintió la araña. “Sería estúpido pensar que disponemos de la inteligencia suficiente para hacer esto por nosotras mismas. Es Dios, a quien todo pertenece y todo crea, quien nos proporciona la habilidad para utilizar esta técnica.”
“Gracias por lo que me has contado”, dijo Zaki, el niño educado. “Ahora, cada vez que contemple los seres vivos que ha creado y sus perfectos diseños, comprenderé mejor lo poderoso que es Dios y la suprema sabiduría que posee.”