El Profeta Yusuf (José)


José tenía once hermanos. Diez eran mayores que él, y uno más pequeño. José era un muchacho muy bueno y de agradable aspecto y su padre Jacob le quería mucho. Desgraciadamente, esto daba celos a sus otros once hermanos, y por ello, decidieron deshacerse de José.

Un día, llevaron a José a un pozo profundo y le tiraron dentro de él. Luego, llevaron la camisa de José y la mancharon de sangre de cordero. Le enseñaron después la camisa a su padre y le dijeron: -"Nuestro hermano José ha muerto. Se lo ha comido un lobo”-.

Al oír esto, Jacob se llenó de tristeza y lloró amargamente por su hijo querido. Pasaron los años, y Jacob se hizo viejo y perdió la vista. Pero su confianza en Dios siguió siendo firme e inquebrantable. Jacob rezaba intensamente a Dios y nunca perdió la esperanza de que José siguiera con vida y de que un día se reuniría con él. Jacob estaba seguro de que así sería. Jacob estaba en lo cierto, porque cuando José se encontró en el fondo del pozo, también él había rezado a Dios. Entonces, una caravana de mercaderes pasó junto al pozo y al descubrir a José le sacaron y le llevaron a Egipto con ellos. Allí, José fue vendido en el mercado a un hombre y a su mujer que no tenían hijos.

En la vida ocurre a veces que una persona es acusada injustamente de un delito que no ha cometido. Esto fue lo que le ocurrió a José cuando llegó a ser un hombre. Le encerraron en la prisión, sin haber hecho nada malo. Solamente Dios sabe lo que es mejor para el hombre, y El ayuda a aquellos que tienen fe en El.

Algunos años más tarde, cuando José estaba aún en prisión, el Faraón de Egipto tuvo un sueño que le produjo gran preocupación. Les dijo a sus cortesanos: -"Veo a siete vacas grandes que son devoradas por siete vacas flacas, y siete espigas verdes y siete espigas secas”-. Pero ninguno de los cortesanos pudo explicar lo que significaba el sueño.

Más tarde el Faraón se enteró de que José, que seguía en prisión, sabía cómo interpretarlo. Entonces, el Faraón mandó llamar a José y éste se lo explicó: -Su sueño significa que los próximos siete años serán buenos y se producirán grandes cosechas, pero los siete años siguientes serán malos, de escasez y de hambre. ¡Por tanto, debéis recolectar y guardar todo cuanto podáis del grano de los primeros años y almacenarlo para los años de hambre!

El Faraón se sentía muy agradecido hacia José y le pidió ayuda para vencer la escasez, porque vio que José era un hombre sabio y capaz. José aceptó, y el Faraón le nombró tesorero y encargado de los graneros de Egipto.

Cuando llegó la escasez y se extendió por todo el país, afectó también a la gente de la tierra de José. Ellos también sufrieron el hambre, y durante este tiempo, los hermanos de José llegaron a Egipto. Querían comprar grano de las grandes reservas que José le había dicho a los egipcios que acumularan. Dios hizo que cuando llegasen a Egipto, los hermanos tuviesen que presentarse ante José. Al principio no le reconocieron, porque creían que había muerto hacía tiempo. Sin embargo, más tarde se dieron cuenta de que era José, y se sintieron avergonzados de lo que habían hecho hacía años. Suplicaron a José que les perdonara y José les perdonó. Llevad mi camisa a mi padre, así recobrará la vista, dijo José, y traedme a toda la familia.

El anciano padre se llenó de felicidad. Siempre había creído que José seguía con vida y nunca había dejado de rezar a Dios. Padre e hijo se dieron un abrazo. Fue una reunión maravillosa para ellos, después de tanto tiempo de separación. Después, el padre y los hermanos de José se quedaron a vivir en Egipto. Formaron una gran familia y tuvieron muchos descendientes. Y en la historia de Moisés sabréis lo que les ocurrió a aquellos descendientes.

José, que era un hombre noble, bueno y profeta de Dios, les había dicho siempre a los egipcios: -Debéis adorar sólo a Dios. Quien os ha creado, y hacer buenas obras.